sábado, 21 de junio de 2014

Sueños de una tarde de verano



Soñaba y parecía que recordaba.

Soñaba en una vieja casa con un ancho porche donde pendula mi hamaca azul. Arboles de mango, papaya, fruta de pan  y aguacate dan sombra al portal.

El día corre despacito en la soledad del espacio, mis pies descalzos pisan el pedal de mi máquina de coser, que no es la mía, si no una vieja y hermosa Singer como la de mi abuela, con su pedal de hierro y ese sonido suavito mientras  cose  fino como un bordado a mano, un lindo vestido de flores, con una telita traída de un paseo por el mercado del pueblo.

Los perfumes de la cocina recorren la casa, señal de que las puertas estarán abiertas para los amigos. Olores ácidos y picantes estimulan el imaginario.

El calor aprieta e invita a un baño en el rio y a una mecida siesta antes de la puesta del sol. Al caer la tarde se alborota la pajarera como anunciando una alucinación multicolor.

Y cae... tiempo de risas, de baile y canto al rededor del fuego.
Tiempo de reír y compartir como si no hubiese mañana.

Soñaba que recordaba

Sin móvil, sin postear, sin facebook, compartiendo solo lo real, lo cálido.

Feliz solsticio de verano


1 comentario:

  1. Mi Costurilla, será que aquel ambiente colorido (el de la foto ;) que me suena a casa propia actúa en este preciso instante del parón cósmico del Solsticio, cuya grandeza invernal o veraniega hemos celebrado tantas veces juntas cual dos brujitas, como un caldero donde los especiados sabores del recuerdo se diluyen y funden en el untuoso “velouté” de la espiral del Tiempo. ¿Qué manía de entorpecer tendrá a veces el Presente, pasándose con la sal y el punto de cocción ?

    A las estampas de tus recuerdos caribeños se sobreponen los míos, mediterráneos : el sol de verano atormenta la tierra de Provenza que tiñen de tonos violeta los campos de lavanda, las cigarras enloquecen en la potente fragancia de los pinos rebozantes de savia olorosa, la sombra de una gaviota surca los destellos esmeralda de las mitológicas aguas del Mare Nostrum que dormitan entre acantilados de caliza nívea, en el aire, flota el inconfundible olor a pimiento rojo asándose en el horno, a hinojo recién cortado, al puñado de romero que tiraron en las brasas, a alegría de un fin de semana entre amigos que se acerca, a la dulzura de mi madre, cuya elegante letra adorna los potecitos y los frasquitos colorados en las estanterías de la cocina.

    Mientras termino estas lineas, experimento lo mismo : delante de mi una pantalla, a mi lado un móvil , un sinfín de pertrechos comunicativos del siglo XXI, una tonelada de emoticonos para sustituir el beso , el abrazo, y la cálidez de la presencia de carne y hueso.

    Urge celebrar este Solsticio como se merece ;0)

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